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Sin morir y sin resucitar
28 May, 2015. 0 Comments. Mini-relatos. Posted By: Raquel Sierra

Le miró marcharse hasta que su silueta se desdibujó. Como si se lo hubiera tragado el sol. Y se sentó mirando en la misma dirección. Un rato más. Acaso un día. Acaso una noche. O acaso más. No porque esperara que volviera, lo hizo porque quería observar detenidamente esa ausencia. Muy despacio. Y acompasar los latidos de su corazón a la nueva canción del silencio. Bonita melodía sin letra para una tarde de verano con mar. Y con ausencia. Siguió observando. Y en ese rato no se murió. Sólo se le jubilaron algunas pestañas, de tanta sal. Y sonrió. Sonrió porque aquel piano ya no tenía esa tecla que sonaba y sonaba desde el principio de sus tiempos. Esa nota punzante que dolía en lo más profundo, que la mataba, y de la que tuvo que aprender a resucitar. Y resucitó tanto que ya no la temía.

De vez en cuando volvía a sonar. Pero ella seguía bailando sin miedo a caer, sin miedo a escuchar. Y escuchó detenidamente. Cada vez. Y cada vez sonó más sorda, porque nunca dejó de mirarla a los ojos. Y de nuevo le tocó resucitar. Una vez más. Y otra más. Y otra más. Y después de cada renacer volvió a bailar, volvió a reír, volvió a volar.

Hasta que llegó otra despedida. Y lo miró marchar. Con el amor intacto, como siempre, pero esta vez con una novedad: solamente escuchaba la melodía de ese momento, sin acordes de atrás. Y continuó mirando esa ausencia, sintiendo ese dolor presente y salado. Escuchando. Y sonrió una vez más. Sonrió porque supo que cuando acabase la música sólo tendría que levantarse y continuar.

Sin morir, y sin resucitar.

la foto 4

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About the Author

Raquel Sierra Soy actriz vocacional, de primer plan B elegí periodista y de segundo me descubrí como ayudante en los caminos. Siempre me ha gustado escribir y ahora me apetece compartir este hobby por aquí. Y lo hago sin filtros. Para lanzar sin pudor los relatos que tengo por los cajones desde hace años, los que vendrán, y mis visiones y opiniones sobre los temas que me interesan, sin azúcar ni sal. Seguramente también daré información útil, porque el pajarillo periodístico sigue trinando en algún lugar de la cabeza, y cada voz puede cantar, berrear, o hablar en balleno. Sin filtros, ¡qué placer!

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